QUIERO SER PEGGY, NO JOANIE.

Queridos fantasmas:

Me gustan las series donde no pasa nada, es un hecho, pero admito que antes no aprendía absolutamente nada sobre la ficción.

Me limitaba a a no adaptarme a nada bajo la bandera de la falsa percepción de una simplicidad, que en el mundo que no existe: Si haces lo correcto ocurrirá lo apropiado. Si respondes a todo que sí tendrás siempre a tus amigos. Si eres bonita lo serás para todos, lo serás para ti misma.

 

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Era, y a veces aún soy, bastante estúpida. Y eso incluía una defensa de poder ser yo aún a pesar de todo el mundo, de defender todo y vivir en una burbuja interior. Un día explotó.

¿Quieres ser tomada en serio? Deja de vestirte como una niña.

Eso le decía Joanie a Peggy en un capítulo, sin apenas inmutarse.

Vi Mad Men con otros ojos.

No era la serie, ni siquiera el hecho de cómo la gente me trataba por cómo vestía o lo que decía. Siempre había admirado a Joanie, y de pronto casi al final de la serie vi brillar a Peggy.

 

 

Era mucho más Peggy de lo que yo creía, y si me gusta Miley Cirus y My Little Pony no debería tener que agregar que considero a Eugene Thacker referente o que he visto Nymphomaniac, pero ahí estaba yo una y otra vez en lugares y trabajos auto-autorizándome.

Una y otra vez siendo condenada por llevar corsé o faldas de Alicia en el País de las Maravillas. Por no hablar de los lazos, colgantes y abrigos que me siguen gustando. Llegaba a un lugar, un trabajo o una invitación y me esforzaba por convencer. Una especie de dictadura de la alegría.

Hacía todo eso en lugar de mostrarme por capas, igual que yo descubro a la gente. En lugar de preguntarme primero hacia dónde quería ir.En lugar de dejar a la gente ser, observar y no sentirme obligada a nada.

Se pasa miedo si no hay reglas en el juego, pero se pasa mucho más miedo siendo Peggy en sus inicios, y al contrario de lo que pueda parecer el juicio de vestir o actuar “dulce” no venía por parte de los hombres, sino por la parte femenina.

El aspecto débil llamaba a la debilidad. Eso era así, por mucho que los eslóganes de las marquesinas de Madison Av. llamasen al sentimiento de ser uno mismo.

Ellas me miraban con sus pantalones y botas como si fuesen de una categoría superior.

 

No se trataba de cambiar mi forma de ser.

Ni de traicionarme en ningún momento, se trataba de camuflaje adaptativo. De dejar que te conozca quién quiera hacerlo.

Un día salí a la calle de manera neutra, y funcionó. Ahora me gusta pensar como ir a cada ocasión, es como si pudieses seleccionar una carta de presentación previa. Me encantaría decir que el mundo es maravilloso y que acepta a cualquiera independientemente de su condición pero no es cierto.

A día de hoy si vas vestido de una determinada manera se te tratará de una determinada manera.

El problema es suyo, pero el pensamiento inicial es mio. Eso es lo que el arco de personaje de Peggy nos ha enseñado. Adaptate, observa qué hace el mundo, prioriza, y luego elige a quién quieres cerca.

Mientras salía a tirar todos los los libros de auto-ayuda al cubo de la basura me di cuenta de que la gente quiere reconocer a un igual cuando habla con otra persona, le asusta que llegue alguien a derribar sus esquemas. ¿Y si la rubia es lista? ¿Y si hay morenas tontas? En realidad me di cuenta de que trataba de llamar la atención de un montón de gente que ni siquiera me importaba. Cuando empezaba a dar a la gente el lugar que correspondía las cosas funcionaban mucho mejor.

No necesitaba decir siempre que sí, igual que no necesitaba vestir siempre igual para mantenerme siendo yo.

Ya verán después que mis argumentos para Pinkie Pie son imbatibles.

 

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