FELIPE HERNANDEZ CAVA: ESCEPTICISMO ACTIVO

El 13 de enero estaba invitada a la merienda con el cómic y la ilustración en la Sala Amadís que organizaba el INJUVE en Madrid, fue de la mano de Raquel G. Ibañez uno de los miembros del colectivo artístico de El Banquete.

El invitado fue Felipe Hernández Cava (Madrid, 1953), guionista de cómic y televisión y renovador del cómic español. Es un claro ejemplo del escritor transmedia que se relaciona con varios campos.

Algunas de su últimas obras han sido Las serpientes ciegas, (BD banda, 2008), Las oscuras manos del olvido (Norma Editorial, 2009) o Hágase el caos (Norma editorial, 2012).

Aunque fue una charla y no una entrevista he realizado este último formato a modo de ladillo separador por temas para facilitar la lectura.

Mr. Ratón: ¿Tiene el cómic un complejo de inferioridad para con otras artes?

Felipe Hernández Cava: El complejo de inferioridad es real, reivindicaciones de conceptos como novela gráfica no ayudan. De todas formas no voy a entablar ninguna polémica porque si alguien piensa que el cómic no tiene valor el problema es suyo. Cuando era un chaval no distinguías unas artes de otras.

El cómic tiene elementos de representación que son únicos, algunos han intentado expandir esos límites, por ejemplo, el espacio en blanco entre una viñeta y otra es un espacio elíptico propio. Lo más comparable es el tiempo al volver la página para leer.

Mr. R: ¿Hay diferencias en la manera de hacer cómic de antes y el de ahora?

F. H. C: Tratábamos de aprender copiando la realidad y desde el respeto a los profesionales. Ahora hay autores jóvenes con una gran soberbia de los profesionales del pasado, pero no puedes romper el pasado sin conocer el pasado. Hemos terminado aceptando que se puede dibujar de cualquier manera. Todos pueden contar cosas pero se ha de aspirar a dibujar lo mejor posible.

En el Cubri queríamos, con esa osadía de cuando eres joven, queríamos conseguir una iconografía antifranquista. Teníamos un aspecto físico cuasi-impresentable, una vez fuimos a un festival infantil de cine de Gijón, y nos presentamos con una crítica del imperialismo (ganamos el segundo premio de tebeo para niños). Aún con todo intentábamos preservar la calidad como artistas y artesanos.

Mr. R: ¿Hay diferencia entonces entre el artesano y el artista?

F. H. C: En cuestión de cómic he tenido mucha suerte, nunca he formado parte de Hollywood pero he vivido con las estrellas. Por ejemplo el Roto es un artesano, trata de que los dibujos tengan una aportación a la excelencia que es algo que empezamos a echar de menos. Amo el medio pero con la profesión tengo mis más mis menos. Es una profesión que requiere sacrificio, hay que tener algo de artista y algo de artesano, está mal remunerado económica y socialmente, muchos abandonan y se van.

Las oscuras manos del olvido de Seguí y Hernández Cava. Norma Editorial, 2012.

Mr. R: En tu obra de las oscuras manos del olvido, ¿Hay parte de ese compromiso social de El Cubri?

F. H. C: Respeto al cómic como transmisor del compromiso social, en los últimos años he ido confirmando mi expresión que acuñé tempo atrás: el escepticismo activo. Veo en la ilustración y el cómic sesgos muy particulares yo ya no me creo nada, pero uno de mis pocos compromisos sigue para con las víctimas de ETA.

El dolor ajeno de víctimas es sagrado, en la representación de ese dolor soy poco transigente, en un documental del 11m en el que estuve involucrado me aseguré de que no hubiera imágenes de trenes reventados. Hoy en día se vive y se exhibe la pornografía del dolor.

Si uno contextualiza las novelas o tebeos históricos hablan de la época en la que están escritos. Espartaco habla de la Revolución Comunista. En las oscuras manos del olvido lo que quería inequívocamente era estar a favor de las víctimas. Curiosamente ha molestado a derechas e izquierdas pero las víctimas me paran y me lo agradecen en los actos en los que he participado, se sienten confortados. La moraleja es que a las víctimas las arrinconan, están condenadas al olvido.

Mr. R: ¿Hasta que punto el cómic como tendencia tiene una industria?

F. H. C: La industria española empezó a morir en los años 60, hay una etapa de cierta resistencia pero creo que no volverá la industria como tal. Mi mujer me dijo al salir que no transmitiese pesimismo en mis charlas, pero carecemos de infraestructura.

Mr. R: ¿Qué se necesita para crearla?

F. H. C: Se necesita que venga gente con pasión. Los intentos siempre se han hecho al margen de las cifras. Lo que me apasiona no lo veo en papel, el álbum de Martín López Lam Parte de Todo Esto (Edicions De Ponent, 2013) se editó, pero pasó desapercibido. Se confirma lo que venía diciendo en otras conferencias, hay y habrá tiradas pequeñas como si fuesen poemarios.

Hágase el Caos de Seguí y Hernández Cava. Norma Editorial, 2009.

Mr. R: ¿Se a recortado entonces libertades?

F. H. C: Somos muy cínicos, ahora hay chistes que nadie quiere publicar. Antes nos reíamos de todo y no era considerado ofensivo ahora sí. Hemos perdido parcelas de libertad y vamos a perder muchas más. En parte clamando a la libertad de expresión y en parte porque terminamos creyendo que está bien renunciar a ciertas cosas. Falta mucha lucha de florete, tu sacas el florete y el contrincante te escupe. Por ejemplo, yo tuve un enfrentamiento con Santiago Segura y me sentía como en un circo, en el momento en el que dijera “bueno pero nos hacemos una pajillas…” había perdido.

Esto es porque el poder trata de canjearnos libertad por seguridad y lo hacemos cuando el miedo se propaga con rapidez y nos sobrecoge.

En los años 70, con el terrorismo de ETA ,se quería llegar a tener un control de los libros que se compraban.

Mr. R: ¿Encaja esto con lo que ha pasado en París con Charlie Hebdo?

F. H. C: Ignacio Villarfol tenia en el país muy bueno al respecto. Yo tengo una visión muy particular, los terroristas siempre encontrarán un pretexto. No se trata de ser dibujantes, ni judíos, ni carniceros: son golpes que saben que van a expandir el miedo. Ahí esta el valor para los terroristas.

Charlie Hebdo existe desde los 90, tenían la corriente libertaria, han dado personajes respetables pero siempre ha tenido un sustrato que eran chicos de bien jugando al izquierdismo y con los que yo no comulgaba. Argumentaban que nada debe ser sagrado, nada debe ser tabú. Se reían de los niños de África que pasan hambre y descubrieron la posibilidad de reírse del islamismo. Hara kiri, la revista madre, fue cerrada por reirse de la muerte de de Charles gaulle.

Yo conocí a Wolinski en Río de Janeiro y se reía de todo, incluida la gente que pasaba hambre allí. Organizadores de trabajo social nos llevaron a una favela con, la gente nos enseñó su modo de vida, lo que tenían y Bolinski se fijó en una mulata que iba con nosotros. Finalmente al saber que Wolinski era dibujante pidieron que les dibujara algo. Dibujó a la mulata con él diciendo: “paso mucha hambre, paso mucha sed” hubo un lógico revuelo. También cosas como: “cuando me muera quiero que me incineren y tiren mis cenizas al water para verte el culo”.

Formaba parte de un clan de chicos malos. En Francia no les prestaban atención y estaban a punto de cerrar, pedían ayuda. Hay otros autores como Gillemin tiene un álbum SS que es indeseable, aunque dibuja bien.

Mr. R: ¿Qué valor tiene el humor entonces en el cómic y la ilustración?

F. H. C: Tenemos que reconocer que el valor del humor puede perder las claves de lo que quiere decir, nace y muere en el mismo día. El humor pasa pero el dibujo, si es bueno, permanece como las estampas de Doré. Es una secuela de la escena punk del todo vale. Todo el mundo puede hacer música, pero sobrevive aquel que sabe de música, sino es gloria efímera.

Mr. R: ¿Entonces cómo encajamos la censura y la autocensura?

F. H. C: Cuando era joven hacía dibujos bastante malos y lo que realmente me gustaba era hacer pintadas en barrios y fábricas, en los muros o en maderas de balsa, duraba lo que duraba pero era una denuncia, así que en la época de Franco había una censura en ellos medios, pero conseguíamos ladearla.

Curiosamente con las leyes de la Transición había una censura donde no se podía contar nada, fue en muchas ocasiones más peligrosa que el anterior régimen por el miedo de que fallase ese intento de viaje hacia la democracia. Se hicieron concesiones políticas por ese mismo motivo, se terminó luchando no por la libertad sino contra el Franquismo que ya estaba extinto. Siempre tendré la sensación de haber perdido un momento histórico, una oportunidad. Yo pasé por los tribunales durante esa transición y dependías del juez que te tocara. Los medios tenían una perspectiva más política que industrial. Actualmente aunque la gente los sigue categorizando así ya no tiene sentido, en todos los sitios hay de todo.

El problema en la autocensura en el artista o en los medios va más por intereses comerciales, conocer al público que te da las habichuelas.

Las serpientes ciegas de Seguí y Hernández Cava. BD banda, 2008.

Mr. R: Recibió el Premio Nacional de Cómic por las serpientes ciegas. ¿Qué nos puede decir sobre el premio?

F. H. C: A paco Roca le llevaron a Japón, a nosotros, Zapatero, a Cuenca, lo digo sin remordimientos, como ejemplo de cómo bajó el dinero invertido, en la dotación también fue bajando.

Tú ibas allí de jurado y te preguntabas: “¿Esta gente que reconocimiento tiene en el mundo de la historieta?”, ellos te preguntaban: “¿Si tengo dudas te puedo preguntar de qué va esto?”.

Básicamente se coge una papeleta y se vota haciendo rondas, luego discutimos. Se quedaban obras muy importantes directamente fuera, y propuse hacer una exposición inicial de las obras, Me dijeron que la mecánica ya estaba estaba escrita, así que esos merecedores del premio fueron apartados. Es lotería, esto me lo aplico a mi propio premio.

Ya cuando se crearon gente como Carma Chacón o F. López Aguilar estaban en ello. Tenía que ser un premio dado a la obra de ese año mientras que Carlos Gimenez y yo, que ya he sido jurado en otros premios, queríamos que fuese a la trayectoria. Los editores independientes, que empezaban a tener influencia, querían otra cosa y se acordó que se ganara la obra del año anterior.

Mr. R: ¿Lo necesitan más autores consagrados como Beá, Giménez o Bernet?

F. H. C: Algunos no lo tienen y lo triste es que no lo tendrán, desde la composición del jurado se ve difícil. A Carlos Giménez le podía haber dado con cualquier cosa, ha esta haciendo un trabajo muy bueno que no desmerece con nada de lo que ha hecho anteriormente. Lo más lógico es que se cuidase que tuvieran una trayectoria además de seguir en activo.

Mr. R: ¿Como ves el acercamiento de Internet al cómic?

F. H. C: Reconozco que soy analógico. Internet está ahí para recibir un feedback que no sé todavía si me interesa. No estoy en ninguna red social, prefiero ser una especie de leyenda asiria, es un gran campo pero lo que más me preocupa e estos medios nuevos es el exceso de ruido. No soy conspiranoico, pero si fuera el poder no censuraría a las voces disidentes, las invitaría a participar en internet porque todo se ahoga, hay que tener mucho criterio. No soy de los que piensan que una nueva comunicación tiene que hacernos por defecto más libres.

Mr. R: En las charlas siempre se piden consejos para guionistas para finalizarlas…

F. H. C: El único consejo que me permito es que tenemos derecho a equivocarnos por nosotros mismos. A mí me captó el marxismo, el maoísmo y luego fui viviendo otros cambios. No heredéis nuestras frustraciones iconos mitos y revoluciones fallidas que se han demostrado obsoletas o perversas. Antes de arrastrar nuestras fórmulas tenéis que equivocaros vosotros. El pensamiento y la reflexión son infinitas y tiene que haber otras posibilidades que no arrastren pasados ni temores.

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